domingo, 2 de septiembre de 2012

Viaje a Nicaragua

Hace mucho vengo pensando hacer este post, pero no me animaba. Finalmente, hoy lo hago. 

Ya pasó un mes y pico desde que me fui a Managua, capital de Nicaragua. Me enamoré tanto de esa ciudad, de sus escenografías, sus espacios, su cultura, su gente, que me dieron ganas de contarles un poco lo que conocí y mi experiencia ahí.

Mi cumpleaños número 21 fue en Febrero y mi hermano me quiso regalar un pasaje a donde yo quisiera - claro, con las restricciones del caso, dependía de su billetera y los descuentos o promociones que hubiesen. Así que desde Febrero anduve pensando a dónde ir y con quién. Pensé en muchas posibilidades pero el viaje salía muy costoso y tampoco quería abusar con el dinero. Le comenté a una amiga de mi colegio el regalo que me estaba haciendo mi hermano y que me aconsejara a dónde podía ir, además de preguntarle si ella estaría dispuesta a acompañarme. Su respuesta fue un sí y juntas, empezamos a buscar lugares. 

Hasta que finalmente llegó mediados de Junio y mi amiga me comentó que se iría a Nicaragua por las vacaciones de Julio y me invitó a ir con ella. Aquí en Perú, las clases de la universidad terminan a principios de Julio y dependiendo de la universidad, tenemos tres semanas, cuatro o cinco semanas. Como nunca, yo tuve cinco semanas, al igual que mi amiga. En fin, los papás de mi amiga viven allá, por cuestiones de trabajo, así que ella, junto a sus hermanos, estaban yendo a visitarlos, aprovechando las vacaciones. Cuando mi amiga les comentó si yo podía ir con ella, ellos aceptaron animosos y fue así como terminé embarcada en ese viaje del que me enamoré.

Partimos un dieciséis de Julio por la madrugada, cada una en un avión diferente por cuestiones de aerolínea escogida. Era la segunda vez que viajaba sola - sin mis padres - la primera vez, fue cuando estaba por entrar a cuarto de secundaria del colegio; me fui tres semanas a Nueva York por una selección que hicieron en el colegio, cosa que no vale la pena explicar aquí. Estaba más que emocionada porque me encanta viajar y si es a un lugar que no conozco, me fascina. En fin, después de tener un par de percances en el camino, finalmente llegué.

Me enamoré de Nicaragua desde el avión. Tuve la suerte de estar sentada al lado de la ventana, así que aprecié el paisaje desde lo alto. La cantidad de área verde que tiene, es impresionante. Al menos para mí, ya que cuando uno aterriza en Lima, no sólo está todo gris, sino que está vacío de color; todo es tierra. Aquí les dejo una foto que tomé con el Ipod en el avión, antes de aterrizar en Managua.


Durante el camino que hice desde el aeropuerto hasta la casa de mi amiga, no pude dejar de mirar por la ventana y apreciar lo maravillosamente verde que es la ciudad; y, también, lo pequeña y pobre que es. Estoy acostumbrada a vivir en una ciudad grande, capital de un país, lleno de autos, micros, buses, camiones, taxis, bulla, suciedad, comercio, ambulantes; pasar de ese estado a la tranquilidad y pequeñez de Managua, me sorprendió. Es que, por allá, todo está muy cerca, y es completamente silencioso. Hay muy pocos autos, taxis y buses; la gente sale hasta temprano porque todo cierra y eso me hizo sentir que hay más familiaridad entre los ciudadanos. Al menos, todos son amables y siempre están con una sonrisa; eso es lo que me encanta cuando viajo, que sonrían al extranjero, que lo inviten a conocer al otro, a fundirse de su cultura.

Estuve dos semanas en Managua y gracias a la familia de mi amiga, paseé bastante. Conocí lagos, lagunas, parques turísticos, plazas, un poco de historia, y volcanes. La cantidad de lagos es tal, que ya ni recuerdo los nombres de todos, solo sé que son inmensamente hermosos y me hace ver, lo maravillosa que es la naturaleza. En las fotos que dejo abajo, se puede apreciar más del paisaje.


Foto 1: Vista a la Laguna Masaya
Foto 2: Camino para llegar al Volcán Masaya

 

Foto 3: Lago de Nicaragua
Éste es realmente inmenso y parece mar. Paseamos por el mismo y conocí las Isletas de Granada, donde en medio del Lago, millonarios han construido casas, como la de la Foto 4.

             

Foto 5: Laguna de Apoyo
Foto 6: Hasta ahora no recuerdo el nombre, pero es otra laguna


Foto 7: Laguna de Tiscapa
Aquí había la opción de hacer Canopy. Más o menos, esto consiste en amarrarte a una polea - sujeta a un cable - para deslizarte de un extremo al otro del lago, desde lo alto, con ayuda de la gravedad. Me dijeron para hacerlo, pero soy muy miedosa y no quise. Lamentablemente, cuando mi amiga se animó a hacerlo, el lugar ya estaba cerrado. 

Otra de las cosas que amé de Nicaragua, es la lluvia y el viento. Durante el día, hacía un calor intenso, y eso que es invierno, tan intenso que tenías que estar con aire acondicionado o ventilador prendido. Claro, al principio, después me fui acostumbrando - no del todo - al clima. Y, por la noche, corría bastante viento y llovía a cántaros. También lo hacía por la mañana, pero era más frecuente por la tarde/noche. Algo que amo, es la lluvia, y si es a por montón, simplemente me encanta sentir su golpe contra mi piel. Además que es divertido correr para no mojarte; aunque a mí me encanta hacerlo, en ese caso no podía subir empapada al auto de la mamá de mi amiga. No sé si se logre notar, pero ahí estoy yo con mi cara de felicidad - sí, estoy feliz - bajo la lluvia y empapando mis pies. Edito, me robo una foto de la hermana de mi amiga, donde se aprecia más la lluvia.

 

Algo que debo confesar no me gustó, fue la comida. En la casa almorzábamos y cenábamos comida peruana. Pero, un par de veces probé comida típica de allá. Hay bastante fritura, como los tostones, que son queso frito con plátano frito; y, lo que usualmente comen es el Gallo Pinto, que consiste en arroz con frijoles que luego son tostados. Eso último sí me gustó. Quizás es porque estoy acostumbrada a no comer mucha fritura y la comida con bastante aderezo; y es que, Perú se caracteriza por su gastronomía. 

El primer fin de semana que estuve por allá, fuimos a una Isla que pertenece a Nicaragua, Corn Island o la Isla del Maíz. Es bastante pequeña pero preciosa. Ahí pude conocer más a fondo la cultura de ese país, aunque también, había bastante extranjero, sobre todo americanos. Con mi amiga fuimos a pasear y nos dimos cuenta de la pobreza de la gente, parecía Tailandia. Viven como en chozas y muchos de los niños andan sin ropa. Hablan español, inglés y un idioma oriundo de allá, como el quechua y otros dialectos que se hablan en diferentes zonas del Perú. Ahí hacía mucho más calor que en Managua y también llovía por la tarde/noche, dándole un poco más de ruido a esa isla silenciosa. Es uno de los lugares al que me gustaría regresar, sin duda alguna. Además, hicimos Esnórquel, o buceo bajo el agua, donde apreciamos los corales hermosos. Aquí, varias fotos de la Isla, mías y de la hermana de mi amiga.





Bueno, con eso termino. Espero les haya gustado el relato y ojalá logren conocer Nicaragua algún día; a mí me gustaría regresar y hacer turismo por otras ciudades, además de Managua. Y, una última cosa sobre Nicaragua es que la gente se toma su tiempo para hacer las cosas. Me parece algo más que importante y lindo, porque no hacen las cosas apresuradas como aquí. Claro, cuando íbamos a los restaurantes, se demoraban muchísimo en traer la comida y cobrar, y eso nos exasperaba, pero es porque estamos acostumbrados a vivir en un país dónde todo tiene que hacerse rápido, donde la paciencia es mínima y la gente se caracteriza por hacer las cosas por impulso. 

En fin, ahora sí me despido. Disfruten de la semana :)

No hay comentarios:

Publicar un comentario